El ritual que sigue a la muerte de un papa

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Terra Colombia – Muerte del Papa: El ritual

El ritual que sigue a la muerte del Sumo Pontífice comienza cuando el cardenal camarlengo certifica oficialmente el deceso, es decir corrobora el dictamen del médico pontificio examinando el cadáver y tomándole el pulso. Esta verificación se debe hacer en presencia del Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, de los Prelados Clérigos, y del Secretario y Canciller de la Cámara Apostólica.

Luego, el camarlengo acerca una vela encendida a la boca del Papa para buscar un mínimo suspiro de vida. Después de este rito tradicional, el rostro del difunto es cubierto con un velo blanco y el resto del cuerpo con una seda roja. Las manos del Sumo Pontífice no se cubren, se cruzan al nivel del pecho y se colocan en ellas un rosario y un crucifijo.

Una vez terminan de acomodar el cuerpo, el camarlengo, vestido de color violeta, inicia la segunda fase de la certificación oficial de la muerte. Ordena levantar el velo blanco que cubre el rostro del muerto y lo llama dos veces por su nombre de pila y agrega: «Si vives, yo te absuelvo de tus pecados, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo». Al no obtener respuesta el cardenal dice en latín: «En verdad el Papa ha muerto».

Después de hacer la señal de la Santa Cruz sobre la frente del cadáver, agrega: «Por esta santa unción, te perdone Dios los pecados que puedas haber cometido. Amén», y continúa con la bendición apostólica: «Por la facultad que me ha sido otorgada por la Sede Apostólica, yo te concedo indulgencia plenaria y remisión de todos los pecados y te bendigo. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, Amén».

En 1846, a la muerte de Gregorio XVI, se aplicó por última vez una tradición que obligaba al cardenal camarlengo a golpear suavemente, tres veces, la frente del Papa con un martillo de plata y mango de marfil. Después de cada golpe lo llamaba por su nombre y le preguntaba: ¿Estás muerto? El ritual terminaba cuando el purpurado decía: «Verdaderamente, el Papa está muerto».

En la tradición que se encuentra vigente, después de la certificación del deceso el camarlengo ordena el cierre de las habitaciones privadas del Pontífice y rompe los sellos del Papa delante de los cardenales. La destrucción del anillo del pescador y el sello de plomo –con el que los sucesores de San Pedro firman los documentos pontificios más formales– también se realiza con un martillo especial. El Vaticano rompe estos dos elementos como símbolo de que la autoridad del Vicario de Cristo muerto ha cesado y que la sede papal está vacante.

El Decano del Colegio Cardenalicio le informa sobre la muerte del Papa a los demás cardenales, al cuerpo diplomático y a los jefes de Estado de todo el mundo.

El cadáver del Sumo Pontífice es vestido con una mitra dorada y blanca, y con una casulla roja. El cuerpo es introducido en un triple féretro. El primero hecho de ciprés, que representa la condición humana de Su Santidad; este se mete en una caja de plomo que a su vez está contenido por uno de madera de nogal, que simboliza la dignidad del difunto.

El cuerpo es trasladado a la basílica de San Pedro y ubicado frente a la tumba del Príncipe de los Apóstoles en el altar mayor. Antes del funeral, el triple féretro es abierto para depositar en él un acta en papel pergamino que registra los datos personales y las obras más importantes del Papa fallecido y una bolsa con las monedas de su pontificado. El Vicario de Cristo debe ser sepultado entre el cuarto y el sexto día después de su deceso, y máximo a los 20 días de su muerte debe comenzar el cónclave que elegirá a su sucesor.

Juan Pablo II confirmó una regla impuesta por Juan XXIII en 1962, mediante la cual se preservaba la dignidad del Papa en las últimas horas de su existencia terrena; así por ejemplo, la regla prohíbe grabar o fotografiar al Pontífice en su lecho de muerte, o registrar sus palabras para su publicación. Existía un antecedente con la muerte de Pío XII, fotografiado en su agonía por un médico que luego vendió las fotos a los medios de comunicación.

Wojtyla también ordenó tener consideración con el personal que reside en las dependencias privadas del Vaticano para evitar casos como el del secretario de Pablo VI, Pascuale Macchi, expulsado después de la muerte del Papa.

En la Constitución Apostólica con que Juan Pablo II modificó algunas reglas del cónclave dispuso que los cardenales guardaran el luto vistiendo el «traje talar ordinario negro con cordón rojo y la faja roja, con solideo, cruz pectoral y anillo».

KyL.cl

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